Sobre Ser El Hombre Más Rico Del Cementerio

Escrito por Sven en la categoría:  

Siempre me salen las lágrimas cuando veo a mi pequeño jovencito emocionado por las cosas más pequeñas que descubre.

Cosas que nosotros, como adultos, ya no vemos. Cosas que incluso nos aburren.

Las cosas ya no las tomamos en serio, porque estamos demasiado concentrados en mostrar a los demás qué bonito es nuestro nuevo coche, qué grande es nuestra casa, qué importante es nuestra posición en el trabajo, qué llena está nuestra cuenta bancaria.

Y estamos más preocupados por el “que dirán”, que por otras cosas.

Estamos desperdiciando nuestra energía en mostrar al mundo exterior qué buenos somos al acumular símbolos de estado.

Hay algo aún peor:

Ser un ser humano

Olvidamos tratar a nuestro opuesto como ser humano. Olvidamos ignorar esta tremenda casa con piscina, el garaje lleno de coches, el Rolex en la muñeca, la ropa nueva o el smartphone más nuevo y caro.

En cambio, nos estamos enfermando por ser egoístas, celosos, hipócritas, y queremos estar con esas personas ricas e influyentes para nuestro propio beneficio, para tomar una parte de esa tarta.

(En general, ser un hombre rico o una mujer rica no es nada malo. Aún así puedes ser una buena persona. Pero eso es algo muy raro.)

Estamos viviendo en una sociedad donde el dinero y la posición gobiernan el mundo.

Estamos demasiado enfocados en cosas materiales que están cambiando todos los días.

Un mundo, en el que hemos olvidado que, cuando éramos niños, teníamos los ojos brillantes cuando el sol entraba por la ventana, produciendo un millón de colores en la pared como si estuviéramos mirando a través de un caleidoscopio.

Ayer vi esos cálidos y brillantes ojos de nuevo. Pero no en los ojos de un niño

Estuve en la zona central de compras de Las Palmas de Gran Canaria: la calle Triana. Donde, como en todas las ciudades del mundo, tienes a tu izquierda y derecha una cantidad interminable de tiendas de marcas famosas, restaurantes de comida rápida y músicos callejeros.

Miles de peatones, con su mejor ropa de domingo, caminando de una tienda a otra para llenar sus bolsas con cosas que (realmente) no necesitan, para impresionar a gente que no soportan.

Sin darse cuenta del día maravilloso que hace en la capital.

Un día soleado, sin nubes, acompañado por aire fresco y saludable del océano Atlántico, mientras se podía escuchar el canto de los pájaros.

Toda la gente estaba corriendo en lugar de vivir el presente. Miradas serias, incluso agobiadas. Sin pensar en el tic-tac del reloj de la vida y que, de todos modos, no pueden escapar de este círculo. (¿O tal vez incluso por eso?)

¿Alguna vez has visto caballos de carreras justo antes de la señal de inicio?

Usan anteojeras para enfocarse en la pista. Y cuando se abre la puerta, simplemente no hacen nada más que correr.

Esto es lo que vi ayer mientras estaba sentado en un banco, observando a los peatones.

No vieron a ese anciano sentado en el suelo al otro lado. Probablemente tampoco quisieron verle.

El típico mendigo sin hogar que ves en cada ciudad.

Cientos de personas pasaron sin siquiera echarle una mirada. O aumentando su velocidad para pasar más rápido, para evitar que ese hombre pudiera pararles.

Ni siquiera los agentes de la policía tomaron nota de él.

¿No deberían estar entrenados para notar cuándo una persona está deshidratada y muerta de hambre?

Ese hombre estaba sentado allí en medio de una multitud de gente como si fuera el último humano en la tierra.

Tal vez incluso esperando que su reloj dé el último tic, mientras susurraba cada pocos minutos  "Por favor, necesito algo de comer".

Le compré comida y una botella de agua, se la entregué y le di la mano diciendo: "Buena suerte, amigo".

Y allí lo ví de nuevo. Esos ojos fascinantes e impresionantes que teníamos cuando éramos niños pequeños.

Ver esos ojos agradecidos y hacer que un humano se sintiera como un humano, valía un millón de dólares. Aún más, porque se levantó del suelo y se sentó en un banco para comer.

Esta historia no está destinada a la pesca de cumplidos.

Quiero que abras tus ojos

Porque tu última camisa no tiene bolsillos.

El hecho de que nosotros, como seres humanos, cerremos nuestros ojos para siempre algún día es un proceso imparable. Al menos para esta dimensión.

Nadie sabe lo que viene después.

Solo hay una hipótesis controvertida: que perdemos 21 gramos en el momento en que morimos.

No hay una explicación lógica o científica para eso, y dejo esta teoría en tu mente como es (por ahora).

Hasta que un científico inteligente descubra el arma para detener esa invención de la madre naturaleza, vamos a permanecer en este mundo por más o menos 80 años.

Cada segundo podíamos escuchar el tic-tac del reloj hacia nuestro fin terrenal.

Si lo escucháramos.

Pero nos quedamos ciegos. Ya no vemos esas increíbles cosas buenas que veíamos cuando éramos niños.

¿Qué hace que tu corazón cante?

El otro día, mi amigo Jerod me preguntó en un correo electrónico qué es lo que hace que mi corazón cante.

Mi respuesta fue:

  • Conocer a humanos que no son hipócritas
  • Conocer a gente a quienes no les importa el color de la piel, la religión o la apariencia física.
  • Conocer a personas que no piensan que son mejores que otros solo por su posición o dinero.
  • Conocer a los humanos que entendieron el significado de "humanidad"

En mi opinión, la vida se trata de humanidad y humildad, y todos las tenemos dentro de nosotros. Escondidas en algún lugar detrás de nuestros tontos deseos materiales.

Solo tenemos que despertar. No importa si tienes 1000, 10.000 o 10 millones en tu cuenta bancaria.

Mi abuelo, que murió con 89 años después de una vida plena y próspera, me dijo una vez:

Tu última camisa no tiene bolsillos

Es por eso que he elegido ese título arriba. Que es una cita de Steve Jobs, quien dijo:

Ser el hombre más rico del cementerio no me importa. Ir a la cama por la noche diciendo: He hecho algo maravilloso. Eso es lo que importa.

Sal hoy y haz algo maravilloso para hacer este mundo un poco mejor.

Piensa en lo que deja tu corazón cantar.

Tu reloj está corriendo ...

Tic...tac….tic...tac….

One comment on “Sobre Ser El Hombre Más Rico Del Cementerio”

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